viernes, 19 de febrero de 2010

Tercer diamante


Hoy, repensando lo pensado, releyendo lo leído, recordando lo... ¿cordado? miraba mi perfil, mis datos personales, la cabecera de mi blog, y he dedicado unos minutos a pensar en la magia. Me gusta la magia. Con cartas. Pero hay otra magia que me apasiona. No son trucos, no son juegos, no es espectáculo... Juan Tamariz, a quien admiro, no, idolatro, la describe así:


No se trata “de dar una sesión de magia”.
No se trata “de ponerse a hacer unos juegos de manos”.
Aquí se trata “del Poder que llega y lo utilizamos para”.
Aquí hablamos “de que inesperadamente ocurra lo imposible”.
De repente o paulatinamente. Da igual. Pero sin preparación.
Sin “no sé si conoces este juego de”
Sin “a ver si te gusta”
Sin “os enseño ahora esta cajita china con un…”
Es otra cosa. Otra idea. Otro estilo.
Estamos hablando de… y surge el efecto sorpresa
Estamos necesitando que… y se produce de forma imposible
No es un espectáculo para mirar. No es un show, una seance, una velada.
Es el Misterio, el Milagro, lo Imposible que se hacen presentes,
que pueden hacerse presentes en cualquier momento,
en cualquier circunstancia,
cuando menos se espera,
cuando más se necesita.
Y el poder no depende de “que no llevo nada ahora para hacer”, porque no se trata de hacer nada, sino de que OCURRA.
Provocar la situación.
Estar preparado para cuando, en cualquier momento, se presente la ocasión.
Tener la mente abierta, aguzada, inventiva para crear el efecto con los
elementos y circunstancias que nos rodean.
Nada de “ponte allí que lo verás mejor”.
Nada de “yo me colocaré detrás de la mesa para…”
Y no hace falta llamar la atención: “Mira”.
Porque la atención nos llega al ver que ALGO OCURRE.
Porque quizás sean los demás quienes nos llamen la atención: “mira lo que está pasando”.
Y no hace falta crear atmósfera con pases vacíos, porque el toque de nuestros dedos, el leve gesto de nuestra mano, el repentino brillo de nuestra mirada tienen PODER, desbordan ENERGÍA, son MAGIA.
[...]
Pero, de una vez por todas, piensa:
¿Qué pasa con nuestra magia?
¿Tenemos o no tenemos el poder?
¿Somos magos a veces o siempre?
¿Hacemos juegos o milagros laicos?
¿Queremos que nos aplaudan o que se queden atónitos?
¿Buscamos su sorpresa o su asombro?
¿Deseamos su perplejidad o su Fascinación?
¿Esperamos sus “¡muy bonito! ¡Qué bien hecho!” o sus “¡No es posible, pero es!”?
Hacer cien juegos, mil juegos preciosos. MUY BIEN. Sorprende, alegra, da que pensar, admira…
Pero: un solo MILAGRO LAICO.
Ni mal ni bien. Un bombazo, un mazazo.
O, menos apasionante, una Delicia, una Maravilla, algo para degustar, sentir, amar, recordar, comentar casi con temor a que se trivialice, algo FABULOSO, HECHIZANTE, FASCINANTE, A-NO-NA-DAN-TE.

Así es,
Así puede ser,
Así va a ser
NUESTRA MAGIA.


¿Queda claro? ¿Más o menos? Lo siento, pero yo no sabría describirlo mejor.

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